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Devocional del dia 5 de Septiembre de 2010

TEMA: GUARDéMONOS DE LOS FALSOS PROFETAS

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Texto Bíblico: 2a de Pedro 2


El apóstol dedica este capítulo para alertar a la Iglesia, respecto de los falsos profetas, los cuales los hubo en la Iglesia primitiva, como los habrá hasta que Jesucristo venga. Nos ayuda a que aprendamos cómo reconocerlos y qué es lo que harán.

* Introducirán disimuladamente herejías destructoras

* Negarán al Señor Jesucristo, quien los rescató del pecado, y que luego le volvieron la espalda.

* Seguirán en disoluciones, es decir en los pecados y mentiras del pasado.

* Serán personas avaras, que buscarán sólo provecho financiero de la gente.

Estos personajes se atraen sobre sí destrucción repentina, condenación para sus almas, por cuanto al falsear la verdad de Cristo, se hacen similares a los ángeles que pecaron, por lo cual Dios los arrojó al infierno y entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; el castigo para estos falsos profetas se asemeja al que se atrajeron los antiguos cuando en los tiempos de Noé, no le creyeron y por eso perecieron en tan terrible diluvio, o como Sodoma y Gomorra, que al contrario de aquellas naciones, fueron devoradas por el fuego. Los falsos profetas se distinguen además, porque siguen su propia carne y andan en concupiscencia e inmundicia, despreciando el señorío de Cristo, llegando incluso a hablar mal de su divinidad.

El apóstol compara su extravió con el de Balaam (hijo de Beor, quién pretendió valerse de la profecía para maldecir el pueblo de Dios, por su codicia, razón por lo cual, el Señor a través de su ángel lo reprendió duramente y tuvo que humillarse y maldecir al pueblo de Moab, cuyo rey pretendía usar a este profeta en contra de Israel). Esta es la enseñanza: los falsos profetas al igual que Balaam, pretenderán usar el don que Dios les ha dado, por dinero y fama; pero será terrible el castigo que les espera. Lo más terrible y peligroso es que estos falsos profetas, seducen con concupiscencias (Vr. 18-19), a los que realmente se habían arrepentido de todo corazón y que estaban buscando de Dios con sinceridad, les prometen libertad, cuando ellos mismos –los falsos profetas—son esclavos de su propia inmundicia; porque la Palabra dice que quien es vencido por alguno, es hecho esclavo de quien lo venciera, en este caso, el pecado.

Estos falsos profetas siguen haciendo mucho daño a la Iglesia del Señor, al punto que han levantado congregaciones enteras, manteniéndolas dominadas, bien sea por el miedo a las maldiciones, que ellos les han proferido si se salen del “redil que ellos mismos les han diseñado”, o porque les han –incluso- hecho creer que los símbolos que la Biblia muestra como pertenecientes a Satanás, son inofensivos y que no contradicen la verdad.

Infortunadamente, la mayoría de creyentes no son asiduos estudiantes de su Biblia y entonces caen bajo todas estas inmundicias, las cuales disfrazan con la palabra: gracia de Dios. La invitación en este capítulo, es a mantenernos aferrados del Señor, siendo piadosos y en todo caso, tener mucho cuidado con lo que enseñamos a otros y cómo lo hacemos; pero a la vez, ser cuidadosos con lo que escuchamos y de quién estamos aprendiendo.

La clave es y será siempre, ser estudiante juicioso de las Escrituras, comprender que una sana doctrina es fielmente apegada a las mismas y considera siempre tanto el Antiguo, como el Nuevo Pacto (Testamento), enseña que Dios es Uno y Trino, que Jesucristo se encarnó en una mujer, se hizo hombre, murió por nuestros pecados y resucitó glorioso, que está sentado a la diestra del Padre y envió a su Espíritu Santo, para que more en cada redimido, quienes le acepten como su Señor; que aunque estamos en el periodo de la gracia, no por ello podemos pecar y hacer lo que se nos venga en gana, sino siempre honrando a Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable; que por su misericordia, Dios nos provee una Congregación y unos líderes que cuidan siempre de nuestras almas, a los cuales debemos acudir cuando algo no entendamos.

Oremos a Dios y busquémosle siempre en nuestro lugar secreto, porque es allí donde el Espíritu Santo, nos va a revelar esas grandes verdades, que nos apartarán de los falsos profetas.